A pie

Es muy normal que la persona que piensa hacer el Camino, tenga sus dudas si hacerlo sólo o con compañía; la respuesta sería que hacerlo solo es la forma de no tener que depender de nadie para tomar ninguna decisión, que en ningún momento se va a encontrar solo, y que podrá disfrutar en toda su plenitud del Camino y de la búsqueda interior que supone hacerlo.

Entendemos que no supone tampoco ningún peligro, pues el recorrido está muy definido y, salvo en épocas muy extremas de invierno, es casi seguro que a escasos kilómetros otro peregrino le sigue y en caso necesario, le auxiliará.

No obstante, en el Camino podrás encontrar la compañía apropiada.


A pie

Al contrario que a pie y al igual que en bici, es conveniente realizar el Camino en compañía de otros jinetes.

Previamente es aconsejable haber realizado el Camino en coche para concertar las cuadras y lugares de pernocta del animal, así como para ir dejando el pienso suficiente para cuando se llegue.

Es imprescindible llevar al animal asegurado, pues tanto al tráfico rodado como la expectación que provocan los caballos a las gentes en las poblaciones son ocasiones propicias para cualquier percance; amén que el caballo no aproveche algú;n descuido del jinete para comerse la mejor flor del lugar o meterse en mitad del cereal.

Peregrinar a caballo tiene tres fases, siendo la tercera de ellas la propia de realizar el Camino:

    • PREPARATORIA (elección del caballo, reconocimiento veterinario, vacunas, tránsito de una alimentación a otra, higiene, entrenamiento o adaptación al nuevo trabajo, preparación del jinete, material y equipo).
    • TRASLADO (guía-documentación, alimentación, botiquín, direcciones de veterinarios, vehículos, etc.).
  • EJECUCION, es decir, realizar el Camino de Santiago (observar diariamente la salud y herraje del caballo antes del inicio, colocación correcta del equipo, iniciar la etapa al paso, observar y prever con antelación el terreno a recorrer en cada etapa, ir siempre acompañados, prestar atención a cualquier problema o cojera, finalizar la etapa al paso. Hidroterapía del animal, revisión de bultos, inflamaciones, rozaduras, etc. y curas correspondientes).

 

A pie

Al contrario que andando, al tener que depender de una máquina, que dentro de su sencillez nos puede plantear problemas mecánicos, es posible que sea conveniente ir con compañía, y, caso de necesidad por avería, uno del grupo podría desplazarse en busca de lo necesario.

Por otra parte, la bicicleta requiere de todos nuestros sentidos, pues no sólo tenemos que pensar en nosotros, sino también en ella, para que no se nos averíe.

Tendremos que tener muy presente el tráfico y, si somos un grupo, andar con mucho cuidado y en fila.

Conveniente también utilizar ropas ajustadas de ciclista que no tienen vuelos ni ofrecen tanta resistencia al viento; cuidar el colorido, que sean tonos vivos, de forma que los automovilistas nos puedan ver con claridad.

Son más de 800 Kms., por lo que debemos olvidarnos de carreras, y el que más ande, que vaya el último, salvo cuando haya viento, que entonces es conveniente que vaya el primero.

Tener muy en cuenta no llevar por ningún concepto capa de lluvia o similar, pues además de los incómoda que resulta, podría ser peligrosísima.

Elegir épocaSupuesto que podamos elegir la época o mes para hacerlo, cada cual tiene su encanto, pero nos inclinamos por la primavera y el otoño; finales de abril, mayo, junio, septiembre, son meses espléndidos, con días larguísimos, sin los rigores del calor del verano, y, además y quizás lo más importante, con muy pocos peregrinos, pues debe tenerse en cuenta que prácticamente el 75% lo hace en los meses de julio y agosto, con lo que supone de masificación, mientras nuestra opinión es que en realidad se trata de Camino de búsqueda, soledad y silencio.

Lógicamente, con los datos que te proporciona esta web, y conociendo tus posibilidades, antes de salir, habrás previsto cuáles son las etapas a realizar.

Antes de seguir adelante, un consejo: PROCURA HACER EL CAMINO TODO ENTERO DE UNA SOLA TIRADA, y digo esto, porque ahora se está poniendo de moda hacer cortas etapas de fines de semana, puentes y demás, para quitarle unos km., y ya más adelante, y ahora de un tirón, desde León, Ponferrada u otros sitios ya relativamente cercanos, llegar a Santiago.

Otra moda actual es la de realizar el Camino con toda la familia o buena parte, lo cual es también desaconsejable. Primeramente porque se constituye un grupo muy cerrado, y el Camino es todo lo contrario, la experiencia de la peregrinación es totalmente de apertura al exterior y al interior. Y en segundo lugar, porque la lesión o enfermedad de uno de los miembros truncaría el Camino al resto de la familia.

Por supuesto, no tenemos nada en contra, pero esa no es la forma de disfrutar plenamente del Camino de Santiago.

Distribución de las etapas

Hecho este inciso, volvamos al tema de las etapas, que no tienen que ser inamovibles con respecto a lo que habíamos previsto. Cualquier acontecimiento, y puede ser éste el quedarte con un pastor o un campesino charlando, te puede obligar a rehacer las etapas.

Casi diríamos que el reloj deberíamos dejarlo en casa, y, por tanto, también las prisas; tener la «obligación» de llegar a determinado punto, suele ser una causa de muchos abandonos.

La improvisación no debe existir antes de comenzar el Camino, pero, una vez en él, resulta hasta más apasionante.

Las etapas, lógicamente, las tendremos que prever en función de los albergues, y con la seguridad de que no nos faltará, si lo necesitamos, un suelo y un techo, aunque tampoco es una tragedia dormir bajo las estrellas…

Técnicas para caminar

Si tenemos costumbre, sobran los comentarios, pero para quien no la tenga, le indicamos que es conveniente, por supuesto dependiendo de múltiples factores (edad, peso corporal, de la mochila, etc.) empezar suavemente, nunca con prisas, hasta que el cuerpo se caliente. Cuando se acelere, con marcha regular y continua, dentro de lo posible, con paso suave y rítmico.

También es conveniente antes de empezar a andar, realizar algunos estiramientos, especialmente de las piernas, colocándonos con las manos contra la pared, e ir apoyando paulatinamente toda la planta de los pies, hasta notar una cierta tensión detrás de las rodillas, a medida que el cuerpo se va acercando al suelo.

Es muy posible que el propio Camino nos obligue a realizar paradas muy frecuentes, para ver algún monumento o iglesia, realizar cualquier pregunta, sacar alguna foto, etc., pero, en principio, deberíamos descansar cuando menos diez minutos cada hora o dos horas, o más si fuera necesario. No obstante, el mismo cuerpo, la climatología o cualquier otra circunstancia, nos lo indicará o pedirá.

Mientras se camina hay que mantener siempre un paso que nos resulte cómodo, que nos permita sin ningún tipo de esfuerzo poder mantener una conversación. Caminar tiene que llegar a ser tan natural como respirar, que lo hagamos sin darnos cuenta.

En terreno llano, vayamos con nuestro paso normal, ni demasiado largo ni demasiado corto; en las subidas, puesto que no tenemos prisa, con más corto y lento, acaso aflojándonos el cinturón de la mochila para poder respirar mejor, y apoyando el pie con la totalidad de la planta en el suelo, para evitar sobrecargar determinadas zonas.

En las bajadas y siempre que el piso nos lo permita, con paso largo y rápido, clavando bien los tacones y quizás apretando un poco más la mochila a la cintura para que nos descansen los hombros.

Terminaremos dando sobre un millón de pasos, pero no tenemos que descuidar ninguno y ver dónde ponemos el pie; un solo paso mal dado nos puede obligar a retirarnos; por tanto, especialmente cuando vayamos por terrenos accidentados, de piedra suelta o guijarro, deberemos estar atentos al pisar.

Por supuesto, si vamos en compañía de alguien que tenga el paso más rápido, no debemos tratar de seguir su ritmo, pues en sólo unas horas, nos puede dejar destrozados; será conveniente, por tanto, que el que mas ande, se coloque el último y no marque el ritmo.

Es conveniente ayudarse tanto en las subidas como en las bajadas con el bordón o bastón, que, además, hace menos monótono el andar.

Sin dudarlo, nosotros que somos peregrinos veteranos, te aconsejamos que realices el Camino de Santiago en solitario. La experiencia del Camino se basa en el «encuentro», y precisamente cuando alguien quiere marchar en solitario es cuando se va abierto a todo aquello que, en éste caso el Camino, nos puede aportar. Además, a lo largo del Camino tendremos todo cuanto necesitaremos.

¿Solo o en grupo?

En el Camino de Santiago nunca te encontrarás desamparado y, día a día, conocerás a otros muchos peregrinos y gentes de los lugares que recorras. Pues, precisamente, marchar en solitario hace ser más receptivo y facilita el trato con los demás. Por otra parte, gozaremos de plena autonomÍa a la hora de planificar etapas y tomar cualquier otra decisión.

Luego, ya en el Camino, comprobaremos que aunque hayamos partido en solitario, la propia dinámica de la peregrinación nos va uniendo con los peregrinos que coincidimos día a día. Es decir, espontáneamente formaremos parte del día a día de esta ruta milenaria. No es necesario formar grupo de antemano. Esta experiencia hace que las Asociaciones no se dediquen a formar grupos de peregrinos.

Pero también hay personas que se plantean realizar el Camino en grupo. Pueden ser amigos, compañeros de estudios o trabajo, etc. Unos irán tal cual, y otros usarán un vehículo de apoyo logístico que le facilite el traslado del equipaje u otras necesidades. Desde luego, son tan peregrinos como quienes lo hacen en solitario, pero conviene subrayar que la preferencia en los refugios la tienen los peregrinos en solitario. Es fácil comprender: sí hay que volcar la tradicional hospitalidad jacobea, que no es sino la caridad cristiana, esto hay que hacerlo sobre el más débil, que es quien camina sólo.

Los grupos por su economía compartida y sus medios logísticos (autobús, coche, material de acampada, etc) deben buscarse otros tipos de alojamientos (camping, polideportivos, colegios, residencias, hostales, etc.) Si pernoctan en los refugios porque ese día hay capacidad para albergarlos, los grupos deben respetar las normas del lugar así como el descanso y la convivencia con el resto de los peregrinos.

Los grupos no son un mundo aparte y deben integrarse con el resto de los peregrinos, pero debemos hacer notar que tienden a vivir al calor de su identidad. Eso no es bueno, pues la riqueza del Camino brota por doquier, y el grupo debe establecer una apertura real a los demás aunque ello suponga una leve pérdida de su identidad.

Ya hemos tomado la decisión y, por tanto, tenemos que empezar rápidamente con los entrenamientos; al Camino, dentro de lo posible, tenemos que ir a disfrutar de lo mucho que tiene, nos tenemos que concentrar en él y su filosofía, que la tiene, y muy rica por cierto, y olvidarnos de la fatiga, ampollas y pies.

El Camino a Pie

Si no estamos muy acostumbrados a andar, al principio deberemos empezar con paseos cortos, que se irán alargando progresivamente, especialmente los fines de semana, si es posible con salidas al monte, para habituarnos a las subidas y bajadas, hasta que lleguemos a dominar la distancia que creemos será la de las etapas a realizar.

Comienza al menos 2 meses antes de la fecha de partida a hacer paseos largos por la naturaleza. Ve poco a poco aumentando la distancia y el ritmo, sin olvidarte de complementar este ejercicio con estiramientos musculares para ganar flexibilidad.

Las últimas salidas las deberíamos realizar con la mochila cargada para irnos haciendo a su peso, y a la vez nos puede servir para darnos cuenta si el peso que llevamos es excesivo, pues es muy distinto hacer un domingo 25, 30 ó 35 Km. llegar a casa, ducharnos, dormir en nuestra cama y al día siguiente seguir con la vida normal. Sería conveniente en los últimos fines de semana, tratar de andar con la mochila el viernes por la tarde y hacer el máximo de Km., el sábado lo mismo, y de nuevo el domingo con el equivalente en Km. de las etapas previstas; si lo hacemos sin grandes problemas, llegar a Santiago sólo será cuestión de días.

Hay que tener en cuenta que el auténtico entrenamiento lo realizaremos en el propio Camino, y nos será más fácil hacer 40 Km. en el último tercio del recorrido, que 25 en el primero.

No obstante, para los que no hayan tenido posibilidad de entrenarse antes de empezar, indicarles que el mejor entrenamiento es la propia realización del Camino, pero que en su caso, deberán empezar de forma muy suave y, poco a poco, aumentar las distancias, en la seguridad de que el propio cuerpo nos avisará si estamos actuando correctamente.

Preparación de los pies

 

Los pies son sin duda los más perjudicados después de terminar cada etapa. Antes de ponerte a caminar, prepáralos con mimo en casa para que no sufran, dándote vaselina, antes de comenzar a andar.

Comprueba que tus pies gozan de plena salud. Hidrátalos, retira la piel muerta, los callos y piel endurecida, y no te olvides de cortar bien las uñas para que no se claven. Si tienes cualquier rozadura, procura que se cure antes de comenzar el camino, cubriéndola correctamente con tiritas o protegiéndola con vaselina.

Uno de los preparativos básicos es elegir un calzado cómodo. Lo ideal es llevar unas botas de montaña, aptas para hacer trekking si vas a hacer algún tramo con subidas o bajadas. Si haces el camino en verano, también te valdrán unas zapatillas deportivas más ligeras.A ser posible de Goretex.

El calzado ya debe estar usado. Evita estrenar unas botas nuevas, porque corres el riesgo de que te hagan heridas. Debe adaptarse bien a tu pie, que sean ligeros y no pesen, y que se ajusten a los tobillos para evitar torceduras.Protege tus pies con calcetines transpirables.

Alimentación e hidratación

Además de la preparación física, es muy importante que el cuerpo se vaya adaptando poco a poco a través de la alimentación. Es el momento de cubrir las reservas hídricas y energéticas de tu cuerpo, para tener suficiente combustible durante el Camino.En el Camino de Santiago, la mayoría de las etapas comienzan a hacerse de madrugada para aprovechar las horas más frescas del día, y llegar al destino antes del mediodía.

Mochila y equipaje

Será tu compañera inseparable para el Camino, por lo que es importante que se adapte a ti. Debe ser lo más ligera posible, que te resulte cómoda y que no notes que la llevas.Escoge una mochila con correas que crucen el pecho y la cintura. De esta forma, el peso quedará más repartido. No cargues en ella más del 10% de tu peso, dejando en el fondo aquellas cosas que pesan más para repartir bien el peso.Siempre es mejor llevar pocas cosas que ir demasiado cargado. A lo largo del Camino podrás ir comprando lo que necesites y lavando la ropa.

Planifica las etapas

El último consejo que te damos para prepararte el Camino de Santiago es que organices las etapas que quieras hacer. No tienes que llevar todo 100% planeado, sino una ruta más o menos pensada para optimizar los días.Busca información sobre las etapas que vas a hacer, el mejor momento para hacerlo, rutas recomendadas, qué distancia tiene cada una, los albergues disponibles, y las complicaciones que se pueden presentar cada una.Esta preparación no te llevará demasiado tiempo, pero sí te ahorrará muchos problemas y sorpresas cuando comiences a caminar y tu cuerpo y tu mente vayan acumulando cansancio paso tras paso.

A pesar de que el Camino de Santiago es una gran prueba física y mental, todos los peregrinos que han participado en él coinciden en que es una de las mejores experiencias del mundo. Prepárate previamente con estos consejos, y solo tendrás que preocuparte de disfrutarlo de principio a fin.

El Camino en bicicleta

Pensamos que para las personas que no tienen mucha costumbre, y en función de la distancia a recorrer cada día, con dos meses será suficiente. Deberemos empezar poco a poco, al principio rodando, para más adelante alternar las partes llanas con subidas; de esta forma nos iremos acostumbrando a conocer las multiplicaciones más adecuadas para cada perfil.

El camino en bicicleta

Caso de ser posible será muy interesante, sobre todo al principio del entrenamiento, que nos acompañara una persona con costumbre de andar en bicicleta, que nos enseñara sus «secretos».

Como todo en esta vida, es cuestión de proponérselo, tomándoselo con seriedad.

No me resisto a comentar el caso de una señora, que sin saber andar en bicicleta, llegó a Santiago… y seguía sin saber andar. Muy sencillo: Su esposo, por algún problema de rehabilitación, tenía que hacer bicicleta todos los días. Con una bicicleta pequeña y plegable, se hizo él mismo prolongándola con unos tubos, una tipo tandém, y su esposa, para que no se aburriera le acompañaba en el sillín posterior todos los días, pero no sabía andar en bicicleta. No sé a quién se le ocurrió, pero el caso es que acompañada de su hijo de unos 16 años, él, por supuesto, guiando, hizo el Camino de Santiago en el año 1991.

La bici no tenía cambios, por lo que muchas cuestas tenían que subirlas empujando. Bajarlas, era otro problema, pues los frenos no respondían al ir cargada con el equipaje, y tenían también que bajarse de la bici. Las etapas que realizaban eran, en distancia, iguales a las de los que iban andando, pero llegaron felizmente a Santiago… y no terminó de aprender a andar en bici.

Creo que en cuanto a qué se puede hacer, queda todo dicho.

Otra cosa serían las etapas o días empleados en hacer el Camino; no conviene ir con prisas, tomémonos el tiempo necesario.

Sería muy conveniente entrenar los últimos días con las alforjas cargadas; de esta forma, además de acostumbrarnos, nos daríamos cuenta que el peso y el volumen del equipaje es un problema, por lo que conviene reducirlos al máximo, llevando, por tanto, lo realmente imprescindible.

Es conveniente que leas detenidamente la guía que portas, y te informes de todo lo que puedas ver en la etapa prevista, incluso teniendo en cuenta posibles modificaciones.

Ten en cuenta, si piensas salir acaso antes de amanecer, que por la mañana no se verá, y probablemente no te encuentres con alquien que te pueda informar, por lo que es interesante te enteres perfectamente del camino a seguir.

Si lo haces así, aprovecharás mejor tu tiempo y no perderás nada de lo que consideres interesante.

Cercioráte de que tendrás un bar o una tienda donde poder comer o comprar comida, de si hay fuentes o hace falta llenar la cantimplora, si necesitas acudir a un banco o caja, etc.

Procura improvisar en lo que realmente merece la pena, pero que no tengas que lamentarte por no haber leído qué era lo más interesante que podías hacer o ver ese día.

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